viernes, 8 de junio de 2007

Antes de la Tormenta (Rúmbo a la Antartida)


-¿Quien es él, el de la foto? –
-Mi hijo –
-Se ve un muchacho robusto-
-Sí. – Contesté. No me había percatado que la foto que Debenham me mencionara estuviera sobre la mesa. El tomó un sorbo de la copa de vino helada. Permanecimos ambos en silencio, comiendo. Su ánimo había decaído ligeramente desde el avistamiento del robustísimo Fram en la bahía de las Ballenas. Decidí comentar sobre las fotografías de Ponting que acabábamos de ver, tomadas en el Japón.
-Excelentes fotos ¿No? – Taylor se había levantado a poner el gramófono y la música fluía entre hombres y provisiones y frescos recuerdos.
-Sí…- contestó el doctor reflexivamente. -¿Se va mañana?-
-Así es –
-Pruebe esto, se llaman krill; Wilson ha hecho un buen trabajo con estos bichos- En la mesa bien servida, sobre la que pendían banderines y sobre la cual se encontraba colocada la Union Jack a manera de mantel extraordinario, la conversación se animaba y algunos hombres reían. Ese 22 de junio de 1911 daba comienzo el invierno antártico y se llevaba a cabo una celebración especial. Había un pequeño árbol navideño improvisado y todos se habían entregado mutuamente pequeños regalos. El viento golpeaba la barraca, incesante; la ventisca cargada de nieve finísima arreciaba. Oates era el único que se salía para alimentar a perros y ponies. Sin embargo, esa mañana, aún con débil sol, entre todos habíamos transportado algunas provisiones restantes desde el Terra Nova; el impresionante paisaje con el Monte Erebo humeante, la plataforma de Ross y el estrecho de McMurdo era pasto de mis sueños. Mañana sería el inicio de mi propio viaje.

Más tarde me acercaba al cubículo privado del Capitán Scott, con las fotos de su esposa e hijo en la pared, para despedirme. Se encontraba sentado fumando su pipa y escribiendo con trazos rápidos.
-Salgo temprano por la mañana. Gracias por todo Capitán- el asintió con la cabeza
-Un mexicano en la Antártida…-
-Nada más natural – repliqué – en mi país en estos momentos hay guerra. Verá, este es mi sueño.- Me miró, pensativo.
-¿Qué le atrajo de todo esto?-
-Casi todo; las expediciones de Cook y de Bellingshausen; los escritos de Dumont d’ Urville y Ross. Los diarios de Shackleton. Su “Viaje del Discovery”, las fotos de Ponting; la biografía de David Crane…-
-Lo siento, no la conozco-
-Lo sé –
-Le queda un buen tramo de su propio viaje-
-Así es. Unas 4,400 millas hasta las Islas Shetland del Sur- él asintió nuevamente.
-Capitán, deseo entregarle esto- Saqué de mi abrigo de lana una moneda de plata, con un verso del “Ulises” de Tennyson: “To strive, to seek, to find, and not to yield”, grabado. –Ha sido mi lema desde siempre- Scott leyó la frase y me agradeció con un gesto.
-Su inglés es bueno-
-El suyo también- contesté. El sonrió.
-¿Volverá?
-¡Por supuesto!- Sonreí, extendiendo mi mano, a manera de despedida.



Por F. Xavier

Junio de 2007


(Foto: The Terranova por Herbert Ponting / Royal Geographical Society)
Para saber más: www.rgs.org

Declaro hacer uso de material visual de buena fé, sin intención de lucro y solamente en el interés de divulgación cultural.

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